Este cuento me lo contó mi abuelita, quien a su vez lo había escuchado de la abuela de su abuela:
"Tío Lencho tenía un chilar muy bonito. Todos los días salía a ver cómo iban creciendo las matitas de chile, las limpiaba, les arrimaba tierra, les quitaba los gusanitos. Tío Lencho estaba encantado con su parcela de chiles.
Pero pasan a creer que una mañana al llegar a la parcela encuentra las matitas todas pisoteadas y triscadas:
-¡o'verá quien me hizo esta maldad!
Tío Lencho hizo un muñeco con cera de Campeche, bien hechecito, con sus brazos extendidos, las piernas abiertas, le puso huaraches y sombrero y lo dejó en medio del chilar.
A media noche que llega el hermano conejo, dando saltitos de contento porque venía a comer matitas tiernas de chile. Cuando vió a monito de cera se acercó amablemente a saludar:
-Buenas nochis le de Dios
tomó la mano del muñeco, pues claro, quedó pegado.
-¡Suélteme! ¡Que me suelte!
tratando de despegarse empujó con la otra mano, ¡y que también se pega!
-Si no me suelta lo vu'a patear, amenazó.
Al dar de punta-pies también le quedaron las patitas pegadas al hombrecito de cera.
-¡te vu'a morder! dijo
y cuando aventó la dentellada hasta del hociquito quedó agarrado.
Cuando llegó el Tío Lencho y encontró al causante de los estropicios en su siembra, lo agarró de las orejas, lo despegó con cuidado de la cera y le dijo
- "ora sí hermano conejo jijo diuna ¡Te vu'a hacer caldo!
Lo metió en una costalilla y lo subió al zarzo del queso para que no se escapara mientras acarreaba la leña para poner el agua para el caldo.
El hermano conejo se puso muy listo, y mientras tío Lencho iba por la leña vio pasar al hermano coyote: -
-¡Chssss, hermano coyote! ¡ven!
- Fíjate que tío Lencho me quiere casar con su hija, fue a traer unos pollos para la boda, pero yo no me quiero casar, estoy muy jóven y no me gusta el pollo, soy vegetariano, ¿te quedas en mi lugar?"
El hermano coyote se tallaba las manos de gusto, pensando en su buena suerte, ¿casarse con la hija de Tío Lencho? ¿Comer pollos en la boda? ¡Claro que sí quería!, ayudó a bajar al hermano conejo y se puso en su lugar.
Cuando Tío Lencho llegó y encontró al hermano coyote en el zarzo se enojó mucho, agarró el agua que había puesto a hervir y se la aventó. Hermano coyote salió huyendo, con la cola escaldada por el agua. Este hermano conejo jijo'el maiz, me engañó, pero cuando lo encuentre me lo vu'a comer.